Divisar desde el tramo marítimo el Casco Antiguo lleno de edificios coloniales, neoclásicos o afroantillanos y luego voltear la mirada, para ver como reposa sobre la bahía otra parte de la urbe: el panorama urbano de la ciudad nueva, ocupada por altos edificios de arquitectura hipermoderna. Incluso puedes pasar de estar rodeado de rascacielos lujosos y en cuestión de minutos adentrarte en la selva más densa, donde se dejan ver ver las tradicionales chozas indígenas, construidas a base de materias primas naturales y con diseños simples. Una selva de gran belleza paisajística gracias a la biodiversidad de su flora y fauna, en un ecosistema en el que conviven jaguares, águilas, tucanes, monos aulladores, tortugas y cocodrilos; fauna que no parece prestar atención a los enormes buques portacontenedores que transitan con frecuencia por el famoso Canal.

Y ya que hemos llegado hasta aqui, hablemos sobre El Canal, el orgullo de la ingenieria moderna, del que dicen que sólo desde el mar se puede tener una auténtica impresión. Fue inaugurado en 1914, y, a artir de entonces ha conseguido acortar en tiempo y distancia la comunicación marítima para el aprovechamiento de intercambio comercial y económico del mundo. En su construcción se excavaron cerca de 245 mil kilómetros cúbicos, y cuentan que fue tanta la tierra que se extrajo, que la isla de Naos, se convirtió en península, quedando conectada con la ciudad.

Cuando se contemplan tanto azul y tanto verde, y se combinan esos matices tropicales, es imposible no desacar el dulce sabor de las frutas que de esos suelos brotan, y todavía se mantienen tan naturales como las manos y los corazones de quienes los cosechan. En las afueras de la ciudad es notable que su ritmo y forma de vida es muy distinto y peculiar, rodeados de vastas llanuras y de la sonrisa de sus habitantes, que es tan contagiosa como la saloma que solo los oriundos pueden entonar. Transitando este panorama, muchas reflexiones sobre la vida se incorporan al aprendizaje cotidiano: es posible gozar de todos los grandes placeres y de momentos inolvidables, hablo de las cosas más sencillas, que aportan a la evolución y la empatía entre las personas provenientes de distintos lugares del mundo. Basta más que un par de chanclas, una camarita, y un bolso pequeño lleno de grandes motivaciones para emprender ese camino por el itsmo panameño. Pacífico o Atlántico, Plena o Típico, Pinta o Zeco, tu eliges. A modo de recomendación: elige ambos siempre que puedas.