Madrid: De Madrid al cielo… y en el cielo un agujerito para verlo

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O eso dicen los que entre cervezas y tapas celebran la alegría de la capital española, su historia, y por su puesto los que planean el futuro.
Una ciudad cosmopolita, donde convergen estilos de diferentes épocas, símbolos del reinado de Madrid, predominando el estilo decimonónico de las fachadas, mezclándose con cristales y estructuras modernas en cada punto que alcanza la vista, demostrando la riqueza y la historia que inundan sus calles con nombres peculiares, cuentos y leyendas en cada una de ellas.
La mítica y exuberante Gran Vía, una de las calles más importantes de Europa es sin duda el sitio más imponente desde las diferentes perspectivas, bien sea saliendo de Callao o viendo atrás desde la renovada Plaza España, siendo el eje central, el corazón de la ciudad, donde se despliega la vida hacia el resto de calles, avenidas y callejones que esconde con recelo la ciudad.

Caminar por sus calles es siempre un poema que se disfruta en medio de un crisol de culturas que han hecho de Madrid su hogar, aprovechando y disfrutando cada rincón para vivirla, Lavapies con sus bares y terrazas que invitan a tapas y cañas en mil sitios diferentes, la fiesta de Chueca, la cultura en la Ciudad Universitaria y el Jardín Botánico, recorrer las zonas en metro o simplemente pasar una tarde de verano a las orillas del Manzanares, viendo la unión con un sur que hasta no hace mucho lucía como un viaje lejano, y que ahora es parte de la movilidad de la ciudad. Tomar el tren en Atocha para salir de Madrid, así sea por un par de días, deja un sabor extraño en la garganta y un vacío en el estómago y el corazón, es esa sensación de estar saliendo del hogar hacia una aventura nueva, pero si algo te enseña Madrid, es a no tener miedo, solo sentir vértigo por lo que viene y aprovecharlo al máximo.