Majo González: La dulce promesa de la repostería mexicana

Written by:

Siempre me ha gustado el trasfondo de la creación de un plato, no solamente trabajar con ingredientes; me gusta la interacción con el comensal, que se forme una conexión en la que ellos también participen

DSC 0047 1 scaled
Majo González en Seaview Magazine

Desde Casimiro Castillo, un pequeño rincón orgulloso de la costa sur de Jalisco, llega la chef Majo González, una joven que ha transformado la repostería en un lenguaje capaz de conectar emociones, recuerdos y memorias sensoriales. “Yo soy de Casimiro Castillo”, dice con la cadencia cálida de quien pronuncia el nombre de su tierra como una oración.
“Está ubicado a tres horas de Puerto Vallarta, hacia la costa sur, hacia Manzanillo. Venimos con mucho orgullo”. Allí comenzó todo: entre patios llenos de luz, vecinos que compartían café recién hecho y una niña fascinada por cómo el azúcar se transformaba en arte. Su historia no se escribió en escuelas europeas ni en laboratorios de alta cocina; comenzó con curiosidad, afecto y el aroma de casa. A los catorce años, una vecina le ofreció un taller de gelatinas artísticas en su patio convertido en pequeño café.

Imagen de WhatsApp 2025 10 26 a las 20.44.26 60387a19 edited

“Me extendió la invitación y así comencé. Luego encapsulé mi primer pastel, y sin darme cuenta, la repostería me había atrapado”, recuerda. Esa pasión la acompañó durante la secundaria y preparatoria, y más tarde, la llevó a profesionalizarse en Puerto Vallarta, donde el Chef Gaetano Simonetti le dio toda la apertura para desarrollar su talento, y descubrió que la gastronomía era su camino, su manera de conectar con los demás y de expresar lo que a veces las palabras no alcanzan.
La infancia de Majo estuvo marcada por los postres que cerraban los eventos familiares, esos momentos que unían a todos al final de una comida o celebración. Cada sabor tiene para ella una historia, un recuerdo, una emoción que despierta en quien lo prueba. Esa conexión entre gastronomía y emoción se profundiza aún más gracias a la influencia de su padre, psicólogo, que le permitió entender cómo la comida puede afectar el ánimo y generar bienestar: “Podemos jugar con las emociones; un postre calientito puede cambiar el ánimo de alguien”. Así, cada creación de Majo va más allá del sabor; es una experiencia que involucra los sentidos y el corazón.

El amor de Majo por lo cítrico se remonta a su abuela, que preparaba un arroz dulce en agua con hojas de naranja y guayaba cuando estaban enfermos. Esa nota cítrica quedó marcada en su paladar y se convirtió en una firma de su cocina: “Hoy por hoy, en la mayoría de mis postres siempre va oculto algo cítrico. Es un doble juego: recordar algo de mi infancia y, al mismo tiempo, limpiar el paladar para disfrutar plenamente los demás sabores”. Mandarina, lima, naranja y toronja se combinan con vainilla, toques ahumados y elementos salados, generando contrastes que sorprenden y deleitan, ofreciendo una fiesta inesperada en cada bocado. Para Majo, la repostería es una forma de contar historias. Cada plato es una narrativa sensorial que busca transportar al comensal a recuerdos, vivencias o emociones escondidas en su memoria. Su legado no solo se medirá por la técnica, sino por la capacidad de generar experiencias significativas: “Siempre me ha gustado el trasfondo de la creación de un plato, no solamente trabajar con ingredientes; me gusta la interacción con el comensal, que se forme una conexión en la que ellos también participen”, explica.
Este enfoque se refleja en su participación en congresos de gastronomía, talleres de innovación y encuentros con grandes referentes del sector, donde consolidó su visión de transmitir emociones a través de los sabores. Cada plato tiene el potencial de llevar a los comensales a un viaje personal, evocando memorias y sensaciones que van más allá de la degustación. La chef se inspira en estos momentos para seguir desarrollando su estilo único, donde la técnica se fusiona con la creatividad y la intención emocional.
Antes de decidirse por la repostería, Majo pensó en estudiar psicología forense, pero siempre supo que la gastronomía tenía un lugar especial en su corazón. La unión entre ambas disciplinas aparece ahora en su forma de trabajar: entender emociones y transmitirlas a través de sabores. “Mi papá es psicólogo, y siempre me llamó la atención entender las emociones de las personas. En la repostería también se puede: un postre puede cambiar el ánimo de alguien”. Esta certeza la ha llevado a construir un camino donde la innovación y la tradición se abrazan, transformando recetas clásicas en experiencias contemporáneas que sorprenden y emocionan.
Su filosofía también enfatiza la importancia del aprendizaje a través del error. Cada tropiezo es una oportunidad para crecer y encontrar la propia identidad en la cocina: “Lo importante es equivocarse. Sin la falla no hay éxito. A veces el miedo a errar nos paraliza, pero cuando te animas, descubres que nada te detiene. Denle sentido a su cocina, busquen su voz propia; reinventen y adapten las técnicas a su estilo”. Este enfoque inspira a las nuevas generaciones a acercarse a la gastronomía con confianza, creatividad y compromiso con la experiencia sensorial que ofrecen. Majo González enfatiza la importancia de conectar con las raíces y la historia de los ingredientes. Cada elemento en sus postres tiene un propósito, ya sea evocar recuerdos de infancia o explorar contrastes inesperados que sorprendan al paladar. Su manera de trabajar los sabores demuestra su habilidad para crear armonías que despiertan emociones profundas, transformando cada bocado en un viaje sensorial.
El amor de Majo por lo cítrico se remonta a su abuela, que preparaba un arroz dulce en agua con hojas de naranja y guayaba cuando estaban enfermos. Esa nota cítrica quedó marcada en su paladar y se convirtió en una firma de su cocina: “Hoy por hoy, en la mayoría de mis postres siempre va oculto algo cítrico. Es un doble juego: recordar algo de mi infancia y, al mismo tiempo, limpiar el paladar para disfrutar plenamente los demás sabores”. Mandarina, lima, naranja y toronja se combinan con vainilla, toques ahumados y elementos salados, generando contrastes que sorprenden y deleitan, ofreciendo una fiesta inesperada en cada bocado. Para Majo, la repostería es una forma de contar historias. Cada plato es una narrativa sensorial que busca transportar al comensal a recuerdos, vivencias o emociones escondidas en su memoria. Su legado no solo se medirá por la técnica, sino por la capacidad de generar experiencias significativas: “Siempre me ha gustado el trasfondo de la creación de un plato, no solamente trabajar con ingredientes; me gusta la interacción con el comensal, que se forme una conexión en la que ellos también participen”, explica.
Este enfoque se refleja en su participación en congresos de gastronomía, talleres de innovación y encuentros con grandes referentes del sector, donde consolidó su visión de transmitir emociones a través de los sabores. Cada plato tiene el potencial de llevar a los comensales a un viaje personal, evocando memorias y sensaciones que van más allá de la degustación. La chef se inspira en estos momentos para seguir desarrollando su estilo único, donde la técnica se fusiona con la creatividad y la intención emocional.
Antes de decidirse por la repostería, Majo pensó en estudiar psicología forense, pero siempre supo que la gastronomía tenía un lugar especial en su corazón. La unión entre ambas disciplinas aparece ahora en su forma de trabajar: entender emociones y transmitirlas a través de sabores. “Mi papá es psicólogo, y siempre me llamó la atención entender las emociones de las personas. En la repostería también se puede: un postre puede cambiar el ánimo de alguien”. Esta certeza la ha llevado a construir un camino donde la innovación y la tradición se abrazan, transformando recetas clásicas en experiencias contemporáneas que sorprenden y emocionan.
Su filosofía también enfatiza la importancia del aprendizaje a través del error. Cada tropiezo es una oportunidad para crecer y encontrar la propia identidad en la cocina: “Lo importante es equivocarse. Sin la falla no hay éxito. A veces el miedo a errar nos paraliza, pero cuando te animas, descubres que nada te detiene. Denle sentido a su cocina, busquen su voz propia; reinventen y adapten las técnicas a su estilo”. Este enfoque inspira a las nuevas generaciones a acercarse a la gastronomía con confianza, creatividad y compromiso con la experiencia sensorial que ofrecen. Majo González enfatiza la importancia de conectar con las raíces y la historia de los ingredientes. Cada elemento en sus postres tiene un propósito, ya sea evocar recuerdos de infancia o explorar contrastes inesperados que sorprendan al paladar. Su manera de trabajar los sabores demuestra su habilidad para crear armonías que despiertan emociones profundas, transformando cada bocado en un viaje sensorial.
Su legado, más allá de la técnica y la creatividad, se encuentra en la capacidad de transformar la repostería en un viaje emocional. Para Majo, un buen postre tiene el poder de hacer que el comensal se detenga, disfrute y se conecte consigo mismo y con quienes lo acompañan. Esta visión refleja una filosofía culinaria donde la comida no es solo sustento, sino un canal para compartir experiencias, generar recuerdos y despertar emociones. Para ella los postres deben trascender el diseño, deben contar algo. Cada plato tiene una intención, un hilo emocional. “A veces pienso que no cocino con las manos, sino con la memoria. Trabajo con ingredientes que me recuerdan algo, y los combino con la idea de transmitir esa sensación”, confiesa. Esa es la razón por la que quienes prueban sus creaciones suelen quedarse en silencio unos segundos, como si no quisieran romper el encanto. “Hay quienes me dicen: ‘No quiero que nadie me hable, estoy disfrutando el postre’. Para mí, ese es el mayor halago”, y sonríe.

DSC05409

La propuesta de Majo González representa una nueva forma de entender la repostería mexicana. Entre hornos y cítricos, entre el azúcar y la reflexión, emerge una generación de chefs que ve en el postre un vehículo de identidad. “No se trata de repetir recetas, sino de reinventarlas. Tomar la técnica, los conocimientos y llevarlos a nuestro modo, con nuestra voz. Por eso un arroz con leche no sabe igual en ningún lado”, afirma.
Cuando los sabores nos transportan a otros tiempos y lugares, Majo se consolida como una de las voces más prometedoras de la repostería mexicana, recordándonos que la gastronomía es un acto de amor, memoria y creatividad, y que cada postre puede ser el cierre perfecto de una experiencia inolvidable. La permanencia del sabor como lenguaje emocional convierte sus postres en un recordatorio de que la dulzura puede ser profunda. Con cada creación, Majo construye una dulce promesa: que la gastronomía mexicana seguirá brillando, no solo por su sabor, sino por su alma.
Desde Casimiro Castillo hasta los escenarios más importantes de la gastronomía, su trabajo demuestra que la repostería es un arte capaz de transformar momentos, conectar memorias y sorprender con cada bocado. Cada creación es un homenaje a la tradición y a la innovación, un puente entre la infancia y el presente, donde la memoria y la sorpresa se entrelazan con el sabor y la emoción. Al final, cuando la última cucharada toca el paladar, queda claro que su repostería es un arte emocional, lleno de memoria, tradición y modernidad: una dulce promesa cumplida.