De la civilización mexica se han escuchado muchas y variadas cosas, pero sin duda una muy distintiva es la del uso del sacrificio cómo parte de sus ceremonias rituales. Una condición qué, en compañía de la ofrenda y el
tributo, fueron señalados cómo un distintivo cultural de vital importancia para la supervivencia de esta sociedad. Su religión, llamada nahua lo explica, a través del valor de la muerte cómo un acto ritual y sagrado. En un
contexto de colaboración entre hombres y dioses es que se crea el mundo, bajo el principio de la “adoración” y la “manutención”, el cual consiste en la actividad de ovacionar y alimentar a los dioses. Pero ¿cómo hacemos eso?
a través de la sangre y su valor espiritual. Cuestión que explica el mito de nacimiento de huitzilopochtli:
“Coatlicue, diosa de la tierra” le fue encomendado ser sacerdotisa de un templo después de haber engendrado a la luna Coyoxautli y a las estrellas Centzon Huitznahua. Un día, limpiando el templo Coatlicue encontró una bola de plumas, la guardó en su vientre y quedó embarazada, era Huitzilopo chtli. Este rumor llegó a oídos de la luna y las estrellas, quienes en su rabia y enojo buscaban asesinar a su madre. Cuando llegó este momento
Huitzilopochtli consoló a su madre por el plan de sus hermanos, y le dijo que le protegería de ellos, cuando Coyoxautli apareció, Huitzilopochtli salió del vientre de Coatlicue y con su arma, la serpiente de fuego Xiuhcoatl decapitó a su hermana. Haciendo huir a los Centzon Huitznahua a otro lugar.
Para los mexicas el dios sol recorre el inframundo acompañado de sus guerreros, estos son los hombres que en el acto de la batalla mueren, o bien son sacrificados en su honor en las grandes y masivas fiestas y rituales. Al
salir por el ocaso, Huitzilopochtli se enfrenta a la luna y a las estrellas, derrotando a la oscuridad y dando la plenitud de un día más en la tierra.
Llegado el mediodía se acompaña de las mujeres muertas en parto, qué de igual modo se valoran por el sacrificio de su lucha, en un ciclo de continuidad espiritual donde la muerte y la vida se ven cómo una misma. Finalmente este dios vuelve al inframundo a continuar su batalla eterna.
Este mito, justifica que en Tenochtitlan las cosas se vean distintas durante la fiesta de Panquetzaliztli, dedicada al Huitzilopochtli donde ríos de sangre bajan por las escalinatas del templo mayor. Esta sangre, es de todos los
cautivos que a consecuencia de las conquistas han quedado presos. Ruedan cabezas y se riegan con sangre los altares. Desde la cumbre de ese gran templo, se ve una pequeña estructura al centro de la plaza mayor, es el
tzompantli un edificio dedicado y construido por la muerte. Su fin, único y efímero es el de mostrar las cabezas de los sacrificados; se elevaban por medio de tres postes, atravesadas de lado a lado por astas y cuerdas.
Algunas intactas, y otras, mostrando el gusto por la carne humana, mordidas y descarnadas. Este es un ejemplo de muchos donde la muerte, el sacrificio, la sangre y la vida formaron parte de una identidad mística y antigua, misma qué hoy en día se celebra de distintos modos, en distintas regiones y bajo ciertas condiciones, pero sin perder el fin: dando un valor intrínseco a nuestros antepasados y sus identidades, rememorando así cada año su llegada y su sacrificio para el sustento de esta vida desde el más allá.