Y la muerte, se volvió nuestra amiga

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Imagina un lugar donde la muerte es amiga de todos, donde toma sus tequilas en compañía de sus amigos, come delicioso en la mesa donde le es invitada, baila, ríe, grita, goza y donde no hay temor a su paso. Ese lugar existe y se llama México. Como seres humanos es natural tenerle miedo a la muerte pues es la ausencia permanente de un ser querido y el dolor no es por su fallecimiento en sí, el dolor ensordecedor, será por su ausencia, esa que no la llenará un olor, alguna prenda de vestir, mucho menos esa canción que escuchaba con tanta alegría, no, nada lo ocupará pero en este país, México tan lleno de magia y de cosas increíbles nos permitimos volver a la muerte nuestra amiga, decidimos hacer un trato con ella, un trato donde nuestro dolor fuera menos y el miedo desapareciera. Ella, la muerte, nos permite sentir nuevamente a ese amigo, familiar, pareja e incluso nuestras mascotas por un día, deja que la esencia y presencia no física nos acompañe durante 24 horas, en cambio nosotros dejaríamos de temerle y sentir rechazo por ella.

México es un país fiel a sus creencias, a sus raíces, a todo aquello que lo hace único y especial, le demuestra al mundo en su cultura que el miedo a morir no debe paralizarnos, pues tenemos nuestra ya famosa celebración, “Día de Muertos” aquí todo es felicidad, dicha y emoción pues nuestra familia vuelve a estar completa, el corazón se cura por unas horas, volvemos a sentir a nuestras mascotas en toda la casa porque entendemos que la muerte no es elitista. Esta celebración se vive de manera distinta en todos los estados de nuestro país, se elaboran altares de muertos, el papel picado está en todas las calles, la flor protagonista de nuestra celebración es la flor de cempasúchil, y la veremos en restaurantes, cines, galerías, plazas, en todas las casas y su aroma nos envolverá en la magia de sabernos entre aquellos que se nos adelantaron, pero que hoy vuelven a nosotros. Existen elementos indispensables en esta celebración como lo son los altares de muertos que tienen como particularidad la representación exacta de los gustos y placeres del difunto, es decir, en él se pone su platillo o platillos favoritos pues su viaje a la tierra le cansó y demostramos nuestro amor con la comida que tanto le encantaba, el agua es vital pues debemos curar su sed, las veladoras son en representación de la fe y esperanza, la sal les evita que el cuerpo se corrompa en su ida y vuelta de la tierra, el copal o el incienso se utiliza para limpiar el lugar de las “malas vibras” y los malos espíritus antes de que regresen los seres queridos. Existen también las calaveritas de azúcar que representan los cráneos humanos, y no podemos dejar de mencionar las flores, pues son un símbolo festivo por sus colores y aromas que adornarán el lugar donde estará el espíritu. La flor que se utiliza es la de Cempasúchil ya que su color representa al sol que guía el alma del ser querido. Otra parte importante de nuestro altar es el delicioso pan de muerto que representa los sacrificios humanos realizados en la cultura prehispánica, fundamental la cruz de ceniza, esta sirve para que el alma llegue hasta el altar y que pueda expiar sus culpas pendientes. Todos los altares deberán tener 7 niveles pues estos son los mismos que el alma del difunto deberá pasar hasta llegar a su paz espiritual.

Éstos altares los encontrarás en todo México, en las escuelas, oficinas, teatros, plazas, parques, en fin, en cualquier rinconcito mexicano vivirás y encontrarás esta bellísima tradición. El día primero de noviembre es el día que se les celebra a nuestros pequeños que ya han muerto y el día siguiente, el día 2, será entonces el de nuestros difuntos más grandes. La tradición se vive a lo largo y ancho de nuestro país, hay estados que lo hacen con más fuerza que otros, pero en general, estos dos días México y los mexicanos traemos nuevamente a nuestros espíritus con nosotros, a nuestra vida, a nuestra casa y al lugar más importante de todos, a nuestros corazones. La melancolía se hace presente y es inevitable, pues sentirlos de forma física y palpable sería lo ideal pero el amor va más allá de tocar, el amor va a la eternidad de la mano de ese ser tan especial. Existe cierta confusión con aquellos que creen que este festejo es una forma de hechicería o magia de algún color, hay quienes incluso se atreven a satanizar la tradición, pero en realidad no es así. Este festejo, esta algarabía y magia no tiene que ver con la santería ni la santería con él, al contrario, son polos opuestos debido a que una es, para algunos una deidad y el otro es un festejo de fé, esperanza y gozo. Vive tus creencias, tus raíces, costumbres y cultura, disfruta el encanto de tu país, siéntete orgulloso de tus colores, de tus paisajes, de tu gente y jamás permitas que tus tradiciones mueran que, a diferencia de las personas, estas no tienen su “Día de muertos” para volver y recordar su valor. México le seguirá mostrando al mundo porque somos un país mágico y tan especial, que lo hará de la mejor forma, esparciendo mexicanos en todos los rincones del planeta y con esa fe y seguridad sabremos que nuestras tradiciones seguirán brillando por toda la eternidad sin importar que la muerte se acerque, pues sabemos que el día 1 y 2 de noviembre de cada año, las almas de nuestros difuntos volverán a reunirse en la mesa con nosotros, se sentaran a un costado a reír también, llorarán con la nostalgia de no podernos abrazar pero se irán tranquilos de haber sanado un poco el corazón y con la plena certeza que el próximo año, habrá nuevamente una reunión familiar.